5 pautas para dormir al bebé. Así es como duermo a mi hijo de 9 meses

Ayer, mientras trataba de dormir a a nuestro niño de nueve meses, pensé que seguía unas pautas que repetía cada noche… y que me parecen que funcionan. Al menos, la mayoría de los casos.

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Pensé que sería bueno compartir esas pautas con vosotros.

Para ponernos primero en contexto, hay que decir que últimamente es raro el día que no está llorando justo en el momento de dormirle.

Estos son los pasos que sigo para dormir a mi bebé.

1.- Hay que intentar que deje de llorar. Es fácil decirlo, mucho más fácil que decanso bebeconseguirlo pero, evidentemente, en ese estado no se dormirá nunca. Es necesario transmitirle tranquilidad. Palabras calmadas, en tono bajo y que le confieran seguridad (tipo, “tranquilo, papá está contigo, no pasa nada…”). Es importantísimo sentirse sereno porque, como un sexto sentido, perciben al instante los bajones de ánimo del adulto y si lo hacen no dejarán de llorar.

2.- Posiblemente esté más activo de la cuenta. Apártale de cosas que utilice para jugar o entretenerse ya que no es hora para ello sino para dormir. En nuestro caso, le mantengo alejado de las cuerdas de las cortinas, que le vuelven loco. Todo lo que pueda caer en sus manos le servirá de juguete y retrasaremos la hora de dormir.

3.- Pon en marcha un “mantra” de movimientos y palabras/canciones. Me explico. Todo baby sleeplo rítmico puede llegar a tener su efecto mágico y lograr que vayan bajando los párpados. Así que caminar con él en brazos, meciéndole siempre de la misma forma mientras acompañamos el movimiento repetitivo con unas palabras o una canción (yo me las invento cada noche), a poder ser que incluyan las palabras “dormir” o “sueño” y su propio nombre, suele funcionar.

En este punto hago un inciso porque, como habréis captado a estas alturas, yo duermo a mi niño en brazos. Algunos dirán que es una mala costumbre. Yo, personalmente, mientras pueda con su peso, seguiré durmiéndole así, por puro placer personal. De todos modos, estas técnicas podrían ser útiles si le acompañáis junto a su cuna.

4.- Consigue la postura en la que esté cómodo. Yo suelo tener que empezar con él erguido, nunca recostado en mis brazos desde el principio. La de recostado es la “postura objetivo”, la que me permitirá dejarle luego plácidamente en su cuna. Pero antes, mediante el movimiento y los cánticos susurrados (no hay que alterarle con nada de lo que hagamos), trato de que eche sus cabeza sobre mi hombro y yo le acaricio la espalda (os aseguro que no tienen precio estos momentos…). Cuando noto que sus brazos están más laxos, que su cuerpo está más “abandonado”, le pongo recostado y mantengo el movimiento para afianzar lo conseguido.

5.- Por último, un consejo, antes de echarle en la cuna. Nunca os confiéis. No le echéis a la primera de cambio. Más vale aguantar con él en brazos un par de minutos más y asegurarse que está verdaderamente dormido antes que tumbarle antes de tiempo, que se desvele y tener que empezar el proceso de nuevo.

Hay días que no es sencillo. Pero siempre, siempre, siempre, hay que dejar los nervios y las tensiones fuera de la habitación. Será un buen comienzo para alcanzar el final deseado, un niño plácidamente dormido.

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Acerca de Javier

Un Padre con la L
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