Angustia del octavo mes

Angustia del octavo mes: mi niño no para de llorar

Llevamos unas semanas comentando mi mujer y yo que nuestro hijo, que en sus angustia del octavo mes
primeros meses de vida era de lo más risueño
, se iba de brazo en brazo sin rechistar, no lloraba apenas (sólo en los momentos indispensables en que quería dormir o comer) y atendía con cara de felicidad a las payasadas y llamadas de atención de cualquier adulto, había cambiado un poco.

Afortunadamente, sigue siendo risueño y no extraña demasiado cuando cambia de brazos.

Pero hemos observado que llora con más frecuencia que antes y, además, no parece que haya un motivo determinado. Quiero decir que muchas veces llora cuando, después de reclamar un juguete, se lo damos. O cuando está a punto de tomar el pecho. O recién despertado (aunque esto parece más normal. ¡Cuántos adultos no quisiéramos vencer los formalismos sociales y echarnos a llorar como magdalenas cada vez que nos despierta el despertador!). Es más, antes dormía la noche entera y ahora se despierta varias veces y casi todas llorando. Sí, lo sé, éramos la envidia de familiares y amigos y ahora nos hemos topado de bruces con la realidad. Como me comenta uno de mis hermanos que veía con envidia cómo se portaba nuestro hijo a diferencia de los suyos: “¡Y el niño se hizo carne!”

Pues bien, he buscado información al respecto y no es nada extraño.

mes

Se trata de lo que llaman la Angustia del Octavo Mes. Para empezar, se llama así pero no tiene por qué coincidir con el octavo mes de vida del pequeño. Puede darse desde antes. En nuestro caso, se está dando cuando está cerca de cumplir los siete meses.

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Llega un momento en que el bebé sólo siente seguridad y confort (otra vez) junto a su madre porque reconoce que es un ser separado de ella pero dependiente. El resto del mundo (incluidos el padre o los abuelos, no os preocupéis) puede producirle desasosiego e incluso miedo y únicamente en el refugio de su madre se ve reconfortado. Este síndrome también se llama “del abandono” porque el niño teme perder a su referente.

Cosas que se pueden/deben hacer en estos casos: no dejarle llorar mucho tiempo (no serviría como “terapia de choque” sino todo lo contrario), no dejarle solo demasiado tiempo, que se sienta acompañado (especialmente por la madre), jugar a esconderse con las manos (ayuda a afianzar en los pequeños la idea de que las personas no desaparecen para siempre aunque no se las vea) y aparecer después, si se despierta llorando, acompañarle para que retome el sueño pero sin sacarle de la cuna (evitaremos así trastornos del sueño).

angustia

Según lo que leo, esta etapa es una más de las importantes que tendrán que pasar nuestros hijos para la cimentación de su personalidad. Así que, paciencia, se pasará también. Como todo…
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Acerca de Javier

Un Padre con la L
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