Aprende de tus hijos para ser mejor padre

La alegría de ser padre.

father and son

Son las siete y cuarto de la mañana. Me he llevado a ni niño desde su cuna, aún en nuestro cuarto, a su dormitorio donde tenemos el cambiador. Hay que prepararle para ir a la guarde.

Por supuesto, está totalmente sopa aunque el movimiento hace que se vaya desperezando. Pero no abre los ojos.

Tumbado en el cambiador, mientras  le voy cambiando, le dedico algunos besos y él me sonríe incluso sin abrir los ojos.

En esos momentos, me siento plenamente feliz por ser padre, por ser su padre y pienso, sinceramente, que nada en mi vida cotidiana (trabajo incluido) puede torcer la felicidad que siento.

Su pausa, su sosiego mañanero también me manda  un mensaje. La vida es esto también, es tomarse un respiro es darle tiempo al tiempo, es disfrutar de las cosas importantes.

Porque de cosas importantes los niños saben un rato.

father

Si no, prueba a llamar su atención si están embobados con su juguete favorito o con unos atrayentes dibujos en la tele o con unas canciones que le enganchen. Para él, lo importante es lo único y lo demás puede esperar.

Otro momento en el que me doy cuenta de esto es cuando le tengo en brazos y aparece su madre.

mother and son

Le falta tiempo para echarle los brazos a ella y, si acaso, me dirige una última mirada como diciéndome “Entiéndelo…”

Su madre es su principio y su  fin, su icono, su ídolo, su fuente de alimentación, de cariño, de amor, de vida… Nada ni nadie tiene más valor para él que su madre.

Y gracias a ver en él todo esto, he aprendido a ser feliz siendo simplemente un espectador, he logrado (y nunca lo hubiese dicho antes) emocionarme, sentirme pleno con la felicidad de mis dos seres más queridos.

Me doy cuenta que, en mi afán de enseñarle cosas, de transmitirle mi experiencia, como tantas veces he soñado  a lo largo de mi vida, tengo que hacerlo desde su punto de vista. Tengo que tratar de meterme en su piel, entender sus anhelos, tan básicos que quizás como adulto los tenga olvidados, sus prioridades, sus necesidades. Para eso, no me importa tirarme al suelo, hacer muecas como él hace, balbucear, gritar, cantar.

Cada segundo junto a él aprendo que la felicidad no es tan cara ni tan difícil de conseguir. Aprendo que una sonrisa es el mayor tesoro, que el amor de la familia es sólido como una roca y que el futuro es tan risueño como la cara de un bebé dichoso. Tengo la esperanza de poder ser como padre la mitad de bueno que es él como hijo. ¡Dónde hay que firmar? 

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Acerca de Javier

Un Padre con la L
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