Autoreconocimiento durante los primeros meses del bebé

El autoreconocimiento ha empezado ya en mi bebé.

Desde hace algo más de un mes, nuestro hijo, que tiene algo más de seis actualmente, viene haciendo algo que nos hace muchísima gracia: levanta el brazo (el derecho en su9221_hr_b--el-bebe-aventurero caso), se coloca la mano a la altura de su vista y comienza a moverla con parsimonia, a un lado, a otro, mientras no deja de observar cada movimiento como si los tuviese que aprender para un examen y, sobre todo, como si la mano no fuera suya.

Siempre me resulta muy simpática esta situación de autoreconocimiento cuando se produce pero, a la vez, me parece chocante para mi mentalidad de adulto. Por eso me ha dado por investigar cuándo, cómo y por qué los bebés comienzan a investigarse y reconocerse a sí mismos.

¿A quién no le ha sorprendido la primera vez que, con tu bebé frente al espejo, ha reaccionado de manera especial? Suelen mirar boquiabiertos la imagen en el espejo, girar la cabeza para mirar a quien le sujeta para volver a mirar al espejo. Y le suele seguir una sonrisa enorme. Y no conozco a nadie que, en esa situación, no le haya 9167_hr_f-el-bebe-aventurerodicho algo como : “¡Mira, el nene!”. Esto suele pasar entre los 6 y los 8 meses del bebé, momento en que, por comparación con alguien a quien conocen, la madre o el padre que le tiene en brazos, se reconocen a sí mismos. Esto estudió en el siglo XX el psicoanalista francés Jacques Lacan que distinguía este comportamiento de reconocimiento humano en comparación con la actitud de otros animales (como los monos, por ejemplo) que, una vez comprobado que la imagen no supone peligro pierden interés en la misma.

El caso es que, según un estudio de la Universidad Autónoma de Madrid que también he consultado, desde que el niño tiene dos meses de edad, sabe distinguir perfectamente las personas de los objetos. Sabe que con otro ser humano puede haber interacción, es decir, ambos pueden responder a los estímulos del otro pero no pasa lo mismo con los objetos. Por mucho que le grite, una pelota no vendrá sola y, lo que es más alucinante, el niño lo sabe.

autoreconocimiento

El tema de la interacción es algo habitual en casa. Tendríais que ver las “charlas” que nos montamos mi hijo y yo. A veces imito todos los gorgoritos que va haciendo. Pero es que hay otras en que es al revés, construyo “frases” a base de vocales con distintas entonaciones y él las trata de repetir. 

A veces no sé quién es el que está aprendiendo más…

 

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Acerca de Javier

Un Padre con la L
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