Bebé y Mascota

 

Cuando me quedé embarazada una pregunta que nos hicimos nosotros y que nos hizo toooooodo el mundo fue: “qué íbamos a hacer con nuestro perro?”. Tenemos un pastor alemán enorme, con unas patas gigantes. Pesa más de 40 kilos y aunque es muy bueno con las personas, es un macho alfa que no sabe estar con otros perros. No suele saltar sobre la gente para saludar, pero si se pone de pie, impone, y si te pilla desprevenido te puede hacer daño. Imaginaros si cae encima de un bebé o de un niño pequeño. No quiero ni pensarlo…

niños jugando perro

La verdad es que temíamos cuál iba a ser su reacción con la llegada de nuestra hija. Nos daba miedo que la diera un empujón en el carrito o saltara sobre la cuna… Fue nuestro cuñado Cristian el que nos hizo perder un poco el miedo y nos indicó algunos pasos a tener en cuenta a la hora de interactuar con nuestro perro en esta situación.

El trabajo empezó cuando yo estaba embarazada. No todos los días, pero sí la mayor parte de ellos, llevábamos a nuestro perro a la futura habitación de nuestra hija y le dejábamos olisquear.  De esta manera se fue acostumbrando al olor de la ropa de bebé recién lavada, al olor de los pañales…

El mismo día en que nació la niña, mi suegro y mi cuñado, que se hicieron cargo del perro mientras yo estaba en el hospital, también se encargaron de llevarle el primer pañal que manchó la peque. Se lo dieron a oler para que identificara el olor de la niña. Dice mi cuñado que así el perro empezaba a reconocer al nuevo miembro de la manada.

bebé con perrito

Cuando salimos del hospital y llegamos a casa con la niña fue mi marido el que se la presentó. Se la enseñó, siempre por encima de su cabeza, de la del perro, claro. Primero, por la seguridad de la niña y segundo, para que el perro identificase al bebé como un nuevo amo.

Después, la verdad, es que no han estado mucho juntos, porque el perro siempre está en el jardín. Pero cuando pasamos por su lado con el carrito cuando nos vamos a dar un paseo, lo único que intenta es meter el morro para olisquear a la niña y traernos sus juguetes para que se los tiremos. Nunca ha hecho ademán de saltar encima ni nada por el estilo. Nosotros se los tiramos un par de veces y luego salimos, para no dejarle con las ganas.

Hasta hace bien poquito, la peque veía al perro y no le causaba ninguna sensación. Ahora que nuestra hija ha cumplido siete meses y está más activa, lo ha descubierto, es consciente de que existe, de que se mueve… Y nos os podéis imaginar la alegría que le da cuando le ve. ¿Qué se pensará que es? Grita y se ríe como una loca. Y si el perro se va y lo pierde de vista, empieza a llorar. Estos días atrás en los que lucía el sol pero aún hacía frío, la ponía el buzo y salíamos al jardín a jugar un rato con él. Y el perro, encantado. Pero es que la niña, más. No obstante, lo mejor de todo, lo que más alegría me ha dado, es que gracias al perro, la peque ha empezado a comer  mejor.

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Según me dice mi cuñado, lo que hay que hacer cuándo se tiene perro es seguir con la vida habitual para que el animal no note cambios. No hay que regañarle si se acerca a los niños, pero tampoco, bajo ningún concepto, podemos dejar al bebé o a cualquier niño solo con el perro, por muy bueno que sea. Al fin y a la postre es un animal y en un momento dado, por muy bien educado que esté, no sabemos por dónde va a tirar su instinto.

Nuestro próximo reto será cuando la niña empiece a gatear. Ya os contaré qué tal nos va.

Por cierto, por si queréis echar un vistazo, en esta web os explican con más detalles cómo se debe introducir al bebé en un hogar con perro.

¿Vosotros tenéis perro? ¿Cómo se ha tomado la llegada del nuevo miembro de la familia? ¿cómo lo introdujisteis?

 

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Acerca de Cristina

Mamá, Periodista Y Blogger
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