Convulsión Febril

Las convulsiones febriles son el problema más común en la práctica neurológica pediátrica. Entre un 2 – 5% de niños menores de 5 años presentan algún episodio.

La mayoría son Convulsiones Febriles simples que son breves y generalizadas, aproximadamente el 80% de ellas y de estas vamos a hablar hoy.

Es un padecimiento transitorio de la niñez que se presenta relacionado con la fiebre y cuya causa se desconoce.

Suelen ser crisis tónico-clónicas (rigidez muscular seguida de contracciones musculares) generalizadas, de corta duración con o sin pérdida de consciencia. Ocurren cuando hay una subida repentina de la fiebre y no cuando hay una fiebre mantenida.

Se presentan principalmente en niños de edades comprendidas entre los 6 meses y los 6 años. Son poco frecuentes antes de los 5 o 6 meses y después de los 5 años.

Tienen una duración breve, 5 a 10 minutos, nunca más de 15 minutos.

Son más frecuentes en infecciones víricas que en bacterianas.

Cuando el niño presenta una Convulsión Febril por primera vez es muy posible que en otros procesos con subida brusca de la temperatura presente una nueva crisis.

Las Convulsiones Febriles a menudo son hereditarias.

 

SÍNTOMAS

Una Convulsión Febril puede ser tan leve que simplemente se volteen los ojos del niño o se le pongan rígidas las extremidades. Se detienen por sí solas y generalmente van seguidas de un período de somnolencia o confusión.

Se presentan en niños que sufren una enfermedad infecciosa extracerebral, sin antecedentes neurológicos.

 

CUIDADOS PREVENTIVOS

No hay prevención específica. Su prevención será la de las causas que la originan.

- Tendremos que saber interpretar y registrar la temperatura.

- Aplicar medidas antitérmicas: habitación ventilada pero sin corrientes de aire, poca ropa, baño de agua templada, aumento de la ingesta de líquidos y administración de fármacos antitérmicos si fuera necesario, pero NO dar aspirina.

- Evitar cambios bruscos de temperatura.

 

DURANTE LA CRISIS

- Intentar no perder la calma.

- Proteger al niño de posibles golpes, poniéndole alrededor almohadas, cojines.

- Comprobar que la vía respiratoria está despejada, aunque se observará una respiración entrecortada.

- Colocarle tumbado de lado sobre un costado, esto le permitirá respirar mejor.

- Observar los movimientos durante el episodio para luego describirlos lo mejor posible.

- No sujetar al niño para evitar los movimientos, pues se favorecería la continuación de la crisis.

- Estimular lo menos posible al niño.

- Aflojar la ropa que oprima.

- Acudir al médico con tranquilidad, pues la mayor complicación de las convulsiones febriles son los accidentes de tráfico por falta de serenidad.

 

Por muy dramática y espectacular que parezcan las Convulsiones Febriles tienen buen pronóstico y no ocasionan problemas neurológicos posteriores, ni daño cerebral, ni aumento del riesgo de epilepsia.

 

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Acerca de Paloma

Enfermera Pediatría
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