¿De qué está hecha mi leche?

Ante todo tenéis que saber que la leche materna no es algo preparado, es una sustancia que cambia de composición y consistencia según el día en que nos encontremos, e incluso dentro de una misma mamada, para adaptarse a las necesidades del bebé durante su crecimiento.

Para que nos vayamos haciendo una idea hablemos de los tipos de leche por los que pasamos hasta llegar a una leche madura con una lactancia materna bien establecida.

Nos encontramos en primer lugar con el Calostro, seguido de la leche de transición hasta alcanzar la leche madura.

Calostro

Desde el parto y durante los primeros días tenemos el calostro. Es una leche particularmente espesa, y de color amarillento. Este color es debido a su contenido en beta carotenos (que también encontramos en zanahorias por ejemplo) que son percusores de la vitamina A, que actúan evitando afecciones en la vista. El calostro se produce en pequeñas cantidades (entre  2-20 ml en cada mamada) esto es para adaptarse al sistema digestivo del recién nacido, que comienza a iniciar su maduración en este momento, y debe ir poco a poco aumentando el volumen de su estómago.

Contiene grandes cantidades de inmunoglobulinas y otros factores de defensa para que el bebé esté preparado para enfrentar posibles infecciones. Además el calostro tiene la capacidad de inhibir la formación de inmunoglobulina E, que es la principal implicada en las reacciones alérgicas.

 Tiene alto contenido en proteínas, por lo que hay mayor retención de líquido y con ello una menor pérdida de peso en el bebé y una buena hidratación. Por otro lado tiene escasa cantidad de grasa e hidratos de carbono (lactosa). Conforme pasan los días hasta que se establece la leche madura, va aumentando el contenido de grasa y lactosa.

Además el calostro tiene un efecto laxante que ayuda al bebé eliminar el meconio (las primeras heces) y ayuda a prevenir la ictericia neonatal (el color amarillento de la piel del recién nacido) eliminando la bilirrubina del intestino.

Como detalle curioso se ha estudiado que tienen más calostro las madres que anteriormente han dado el pecho.

 

Leche de transición

Es la leche que se establece entre el 5º y el 15º día de iniciar la lactancia. Las inmunoglobulinas y el contenido proteico se reducen, mientras que el contenido en grasa y lactosa aumenta. El volumen de la leche también aumenta hasta llegar a unos 600-700 ml cada 24 horas (Se ha constatado que hay una importante variación individual en el tiempo en que las madres alcanzan el volumen estable de su producción de leche)

 

Leche madura

 

La leche madura contiene un alto contenido en agua (más de un 80%) por lo que hasta los 6 meses de vida no es necesario añadir agua a la dieta del bebé si se está alimentando con leche materna. Además cuenta con gran cantidad de hidratos de carbono (lactosa) aportando mucha energía. Se puede llegar a contar con unos 700-900 ml de producción de leche al día hasta los 6 meses. A partir de ahí suele estabilizarse entre 500-600ml por día (entonces ya estarían siendo añadidos a la dieta del niño alimentos diferentes, que complementen las calorías y otros elementos necesarios para él).

Es importante saber que la leche madura cambia a lo largo de la toma para adecuarse exactamente a las necesidades del bebé.

La leche que fluye al principio de una toma tiene bajo contenido en grasa y alto en lactosa, proteínas, vitaminas, minerales y agua, digamos que la leche se ve más “aguada” y ,a medida que prosigue la toma, la leche cambia a un mayor contenido en grasa y menor en hidratos, por lo que se ve más espesa y amarillenta. Es como si el principio fuera el primer plato y el final fuera el postre. Por eso es muy importante no cambiar al bebé de pecho hasta que haya acabado con él, porque si no estaríamos privándolo de la leche más consistente ¿por qué dejarle sin postre?…

 

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