Cuando el día no es de color de rosa… ¿De que color es?

No te engañes. Si un día has decidido, por los motivos que sean, hacerte cargo de tus hijos con toda tu alma, dejando de lado aspectos de tu vida que hasta ahora creías imprescindibles, no te sientas mal si algún día el vaso se llena tanto que explota sin más.

Todo en su justa medida, espacio a solas contigo misma.

Es normal que algún día la carga de trabajo (tanto física como emocional) te sobrepase, y sueltes algún grito y montes algún numerito que intenta sacar esa frustración que genera el estar a merced de los niños/as cuando estás 24h con ellos.

No todo es de color de rosa. Yo diría que podría ser de distintas tonalidades según el día, con matices de color alegría o felicidad según el momento, como una montaña rusa, como un camino que vamos recorriendo a lo largo del día las madres que estamos al cuidado de nuestros/as peques a jornada completa e intensiva con plus de nocturnidad, festivos incluidos.

Jornadas de más de 24 horas al día

No es fácil tampoco hacer ver a ojos del resto de mortales, ni siquiera a los que tienes más cerca, que tu tarea es dura, porque si no lo vives, no lo conoces.

No es que yo pida una medalla de reconocimiento por la labor de cuidar a mis hijos, me basta con la sonrisa de la mayor cuando el pequeño hace alguna monería.

Esas sonrisas son mi salario, lo que yo me cobro por haber abandonado otros aspectos de mi vida temporalmente, para poder cuidar yo misma a mi familia, sin delegar en nadie ese trabajo.

Y aunque no todo sea color de rosa, que no tiene porqué serlo por más que nos lo quieran hacer creer, me quedo con la gama que tengo en casa, una gama de verdes, azules y amarillos que hacen que nuestro día a día sea especial y que lo explotemos al máximo para poder guardarlo como un tesoro de nuestras memorias.

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¿De qué color son tus días?

 

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Acerca de Carmen

Mamá, Blogera, Redactora
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