Elegir nombre para el bebé. La importancia de llamarse…

Elegir nombre para el bebé: familiar, que no te recuerde a nadie, que suene bien…  ;-)

Una de las cosas que tal vez más discusiones (de buen rollito, eso sí) pueden acarrear durante el embarazo es la elección del nombre de la criatura.

He dicho criatura, sí, porque estas disquisiciones filosóficas empiezan cuando ni siquiera se sabe si será niño o niña.

nombres

Las cábalas no sólo son muchas sino multiplicadas por dos porque, claro, hay que estar preparado para cualquier situación y lo único que está claro es que puede ser tanto chico como chica.

Eso sí, desde el momento en que ya se conoce el sexo del futuro bebé, comienzan las quinielas en serio y elegir nombre para el bebé.

Hay quién ve bonito lo de seguir la tradición familiar y le acaba poniendo el nombre del padre o de la madre. Pienso que en ese momento uno no se para a pensar que, en las reuniones familiares, es un auténtico cacao dirigirse a uno sin que  se dé por aludido el otro. Y si además de padre e hijo también coincide el abuelo (léase también hija/madre/abuela, por supuesto), la confusión puede ser absoluta.

nombres bebés

Al menos parece que la costumbre de poner al pequeño o la pequeña el nombre más raro del santoral del día de su nacimiento se está acabando (si no está ya del todo extinto). Lo cierto es que eso no era una costumbre, era un castigo. ¡Y ponte a cambiarte el nombre cuando eres adulto, con la de papeleo que requiere!

Otra tradición bastante extendida es la de ponerle el mismo nombre que alguien de la familia muy querido pero ya ausente. Esto, desde mi punto de vista, dejando a un lado su vertiente macabra (que la tiene), tiene un pase sólo si en la pareja están de acuerdo.

Porque, para mí no hay duda, el nombre debe estar consensuado por la pareja. Es algo muy importante en la vida no sólo del hijo o la hija sino de la familia entera y la decisión debe ser común.

Nosotros, os lo cuento por si os sirve, padres indecisos, teníamos una táctica para asignar el nombre a nuestro hijo. En primer lugar, no realizar esfuerzos innecesarios y esperar a saber el sexo del bebé para empezar a pensar en nombres. Hay que guardar las fuerzas para otras cosas.

marta

Después, se nos ocurrió lo siguiente: cada uno escribía una lista de nombres sin enseñársela al otro hasta el final y el nombre elegido sería el primero que coincidiera en ambas listas, sin importar en qué orden estuviera en cada una.

Ya sé, también tiene fallos este método porque, ¿qué pasa si no hay coincidencias? Las opciones en ese caso también pueden ser múltiples. Desde hacer una nueva lista a que uno de los dos revise sus preferencias por si algún nombre que no estuviera en su lista pero sí en la de su “contrario” le pudiera encajar.

De todas formas, para nosotros fue sencillo. En cuanto supimos que era niño, a los dos nos salió el nombre perfecto, David. Y con él se quedó.

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Acerca de Javier

Un Padre con la L
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