Ir al mercado con niños: una gran experiencia sensorial cerca de casa

A menudo tratamos de sorprender a nuestros hijos con planes de lo más originales: una visita al zoo acompañada de un pase especial para ver a los delfines en acción, un paseo en teleférico al atardecer para contemplar la ciudad de Madrid iluminada, un ratito en un parque de bolas que han abierto en la otra punta de la ciudad y que es lo más, vacaciones en una playa chachi piruli en otro continente… ;)

Y, sin embargo, ellos disfrutarían casi lo mismo de un viaje de aventuras que de una tarde en el parque con sus amigos. Porque para un niño cualquier cosa es ya una aventura en sí misma. Poder descubrir nuevos colores, nuevas formas, interactuar con otras personas, subir y bajar bordillos y escaleras es un plan extraordinario en sí mismo, aunque el lugar en cuestión esté a diez minutos de casa andando.

Todo esto se da cita en el mercado… Amado por unos, odiado por otros (hacer la compra es un tostón, reconozcámoslo), constituye un espacio en el que los niños disfrutan de lo lindo. ;)

Ir al mercado con niños

Sus sentidos despiertan en el mercado

Colores, aromas, sabores, formas, sonidos… El mercado es un lugar especial donde percibir a través de los cinco sentidos.

Aprenden

Ir al mercado es como estar dentro de uno de esos libros infantiles en los que aparecen ilustraciones de objetos con sus nombres: manzana, pera, uvas, pollo, pescado, jamón… ¿No es estupendo poder enseñarles distintas palabras en el mundo real?

Interactúan con otras personas

Desde el tendero que le dedica unas afectuosas palabras hasta la gente que espera para comprar, extraño es que un niño no despierte la ternura de las personas que se dan cita en el mercado.

Corretean

Rampas de subida y bajada para carros de la compra, escaleras, pasillos…., constituyen un lugar estupendo para corretear, aunque con cuidado, no vayamos a tener un percance.

Y…, prueban nuevos sabores

Yo no sé tu hijo, pero a la mía le encanta ir al mercado porque siempre sale de allí con un trocito de queso, una loncha de jamón o una paraguaya que le han regalado en algún puesto. O, muy a pesar, con una bolsa de gusanitos. ;)

Así que ahora, cada vez que hay que ir a comprar al mercado, pienso: bueno, no es tan malo en realidad. ¡Vámonos de aventura! ;)

¿Llevas a tus hijos a comprar al mercado?

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Diario de una mami

 

 

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