La conjuntivitis en el bebé. Cuidados y remedios

La conjuntivitis en el bebé.

Después de pensar que las legañas que aparecieron una mañana en el ojo derecho de nuestro bebé desaparecerían al día siguiente y ver que no fue así sino todo lo contrario, que aparecían con más virulencia que el primer día, no lo pensamos dos veces y pedimos cita con el pediatra.

conjunctivitis children

Afortunadamente, el crío no se quejaba. De hecho, sólo lo hacía cuando, siguiendo los más elementales consejos de higiene, trataba yo de quitarle las legañas de los ojos (después de aparecer en el derecho, el izquierdo tuvo envidia y quiso también tener su dosis de “pegote”) mediante el uso de unas gasas empapadas en suero fisiológico.

Nada más observarle el pediatra (habíamos dejado a propósito alguna que otra legaña en el ojo del bebé para que pudiera ver de qué se trataba) sentenció sin ninguna duda que se trataba de una conjuntivitis aguda supurada.

Lo primero que nos dijo fue que, una vez le limpiásemos cada ojo con una gasa empapada en suero (muy importante, una gasa por ojo; si se utiliza la misma puede provocar infección de un ojo en otro en caso de que uno siga sano) nos limpiásemos inmediatamente las manos ya que, previo al tratamiento que hay que hacer, la conjuntivitis en el bebé es altamente contagiosa y sería muy probable que, mientras el niño mejorara, nosotros amaneciésemos al día siguiendo con los ojos como los de un sapo.

conjunctivitis

Así que, primera lección, higiene absoluta, para evitar males mayores.

Para atajar el problema, no obstante, no vale con la limpieza. Se requiere un antibiótico para eliminar la conjuntivitis en el bebé.

El pediatra nos mandó Tobrex colirio y Oftalmolosa Cusí Aureomicina (es importante lo de “Aureomicina” ya que Oftalmolosa Cusí hay varios con distintos principios activos). Para nuestra sorpresa, la oftalmolosa, que es una pomada, no la encontramos en ninguna de las cuatro farmacias en las que preguntamos. El médico se sorprendió como nosotros ya que dijo que era como si nos recetase Augmentine y no lo encontráramos.

Una lástima, porque la pomada se le echaba al niño dormidito en el párpado y con el propio movimiento del ojo se lo repartía por dentro, haciendo su efecto. Nos habríamos ahorrado un sinfín de luchas porque, ¡qué diferente es echarle el colirio!

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Luchamos lo indecible para que uno le mantuviera el ojo abierto mientras el otro trataba de atinar con la gota de colirio. Todo esto, sujetándole por entero porque era como un látigo en acción y llorando sin parar.

De todos modos, de todo se aprende. Si en lugar de tratar de abrirle el ojo con dos dedos, como hacíamos nosotros, y acercarle el bote de colirio, mantienes el bote de colirio algo más separado de su vista, su propia curiosidad hace que no cierre el ojo y la caída de la gota es lo suficientemente rápida como para que no le dé tiempo a cerrar el ojo antes de que entre la medicina.

Con esta técnica, en apenas tres días dijimos adiós a la conjuntivitis. Al menos en la del niño, ahora la tengo yo…

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Acerca de Javier

Un Padre con la L
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