LA LUCHA POR LOS BRAZOS

¿Quién no ha oído alguna vez a un niño pequeño decir: “¿Me coges?”?, una frase aparentemente inofensiva pero que puede convertirse en motivo de disputa continua: la lucha por los brazos.
Cuando uno es bebé y no sabe andar evidentemente necesita estar en brazos. Mamá y papá le cogen para llevarle de un sitio a otro, para alimentarle, para acunarle, para calmarle… La cosa se complica cuando el niño (ya no bebé) se acostumbra a los brazos y los necesitan todo el tiempo: para dormir, para estar en casa, para ir al colegio…

Y es que es donde mejor se está: en brazos de papá y mamá; o en brazos del abuelo o abuela,  o del tío o tía… el caso es que así los desplazamientos son más cómodos y reconfortantes para la criatura (ya de 3 años), pero no para el adulto que tiene que “cargar” con el pequeño o la pequeña de más de 10 kilos (18 kilos en el caso de mi hija) con el consiguiente dolor de espalda, de piernas, y, cómo no, de brazos.

¡Pero quién puede negarse a esa petición! se queda ahí, delante de ti, mirándote con esos ojillos de súplica y alzando los brazos hacia ti, aupándose en tus piernas para tratar de conseguir su objetivo: encaramarse a tu cuello y…¡que le lleves en brazos! Pero si cedes, ¡estás perdido! porque abusa y te lo pide una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez…

Al final ese inofensivo gesto se convierte en un pulso entre el niño y el adulto. ¡A ver quién se sale con la suya! El niño, que es muy listo, tiene cogida la medida al adulto que siempre va con prisas y no puede invertir tiempo en dejarle solito en el suelo porque si no, no llega a tiempo al cole, y él llega tarde al trabajo. Así que el pequeño utiliza sus armas y mediante llantos y rabietas trata de salir victorioso de la pugna. Pero el adulto sabe que eso no puede ser. Así no se consiguen las cosas.

 

¿Cómo se puede educar en este sentido para que el niño quiera ir andando de forma voluntaria y con alegría? Los educadores dicen que hay que decir frases breves, tajantes y fácilmente comprensibles para el niño. Hay que poner normas y que las entiendan. “No te voy a coger”, “Tú sabes que tienes que ir andando”. La teoría está muy bien, pero hay que llevarlo a la práctica. Entonces tú te armas de valor y dices esas frases con toda la contundencia posible esperando que sean palabras mágicas que hagan que tu hijo te obedezca sin rechistar, pero te encuentras con que el “angelito” hace caso omiso y se vuelve a repetir la historia. ¡Agotador!… Intentas llevar a cabo todo tipo de estrategias para que te haga caso, intentando no caer en el chantaje fácil de: “si haces esto… te doy… aquello (véase un regalito, por ejemplo)”, pero nada. El niño empecinado en que no se mueve si no le coges y tú resoplando mirando el reloj pensando: “ya no llegamos”… así que le cojo, sólo hoy, sólo un día más; mañana seguro que lo consigo e irá solito caminando de la mano”.

¡Qué difícil es educar!… llevo días intentando conseguirlo… Hoy, por fin, ¡¡mi niña ha ido andando todo el trayecto de casa al colegio!! Todo un triunfo que espero se vuelva a repetir todos los días.

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Acerca de Silvia

Periodista
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