La primera vuelta a la guardería de nuestro niño

Sólo desde hace unos pocos días empezamos a pensar en lo inevitable, la vuelta a la guardería de nuestro niño, después de más de dos largas semanas de vacaciones plenas. Vacaciones de madrugones, de comer y dormir con un ritmo marcial, de no ver a todas horas a sus seres más cercanos… Lo cierto es que le hemos dado un buen atracón de buena vida. Le hemos concedido todos los brazos que ha querido, ha comido lo que ha querido, cuando ha querido, ha jugado con las cosas que se le ha antojado y las ha tirado al suelo las veces que le ha venido en gana.

ecole

Sí, lo sabemos, le hemos consentido demasiado. Pero es que somos primerizos, queremos suplir nuestra inexperiencia con un exceso de celo en las atenciones.

Y, claro, con tanta atención dispensada, tanta risa en la cama con mamá y papá, tantos juegos con los abuelos, tantas visitas (lo que nos obligaba a retrasar la hora de dormir, muchos días), su carita cuando le hemos dejado en la guardería a eso de las siete y media de la mañana era todo un poema.

No ha habido lágrimas de milagro porque, cuando le he dejado con la cuidadora, un amago de echarme los brazos sí que ha habido. ¡Y bien me habría echado a llorar yo allí mismo, os lo aseguro!

nursery school babies

¡Porque ha sido nuestra primera vuelta a la guardería como padres!

Porque si el trago es fino para el niño, que una vez superados los primeros días de guardería allá por octubre y acostumbrarse a estar tanto con gente de casa como del cole sin rechistar, se ha debido ver descolocado por el hecho de volver a dejarle en la guardería tras un tiempo infinito con su gente, no es menos fino para los padres.ecole maternelle

Los sufridos padres tienen que superar su larguísimo día de trabajo con la imagen de su hijo echándole los brazos con ojitos de cordero degollado repitiéndose en su cabeza a intervalos de pocos segundos con luces de neón que les recuerda lo malos padres que son (o se creen).

Es un calvario la vuelta a guardería, os lo aseguro.

Por eso, hoy me escapo a mediodía a recoger, junto con mi mujer, a nuestro hijo. Si fuera consciente, nos dedicaría una mirada matadora por haberle dejado “abandonado” toda una mañana.

De todos modos, paciencia, que todo pasa. Seguro que él se ha tirado la mañana durmiendo y comiendo mientras nosotros nos arrastrábamos por los rincones.

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Acerca de Javier

Un Padre con la L
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