La primera vez que llegas a casa con tu bebé

Aún recuerdo el momento en el que entramos por primera vez en casa con nuestro bebé. Era una tarde de un cálido mes de octubre de hace dos años. La puerta se cerró tras nosotros y el silencio invadió el salón. Permanecimos un rato callados, mirando el cochecito donde ella dormía plácidamente, diciéndonos con la mirada que estábamos muertos de miedo, que teníamos ahí al lado a una cosita tan pequeña que no sabríamos si seríamos buenos padres o si estaríamos capacitados para hacer que saliera adelante.

Llegar a casa con tu bebé

Mientras, ella se despertó y, en brazos, parecía recorrer la habitación con sus pequeños ojitos. Fuimos enseñándole, una por una, cada una de las estancias de nuestra casa, su casa. No parecía extrañar, a pesar de que había pasado algunos días de más en el hospital. Se mostraba tranquila, calmada. Tranquilidad y calma, eso es lo que necesitábamos nosotros. ¿Nos pasas un poco, pequeño bebé? ;)

Ahora los ritmos serían marcados por nuestra hija

Esa misma noche descubrimos que ya no volveríamos a cenar a una hora determinada, o incluso a la vez, por lo menos hasta mucho tiempo después. Tampoco a ducharnos por las mañanas. Ahora nos ocuparíamos de satisfacer las necesidades básicas cuando hubiera un rato para ello. Y si tenías que ducharte a las doce de la noche, ¡bienvenido era! ;)

Hasta los momentos de descanso serían decididos por nuestro bebé

Ahora nos reímos, pero reconozco que fueron noches duras esas en las que dormíamos tres horas en total, no más de una hora seguida. ¿Cómo pudimos soportarlo? Supongo que cuando te conviertes en madre o padre desarrollas poderes de súper héroe. ;)

Claro que, las siestas del bebé nos daban la vida. En cuanto se dormía por el día…, al sofá, a la cama o al mismísimo suelo. Cuando vas por el mundo hecho un zombie, podrías acostarte sobre una cama de pinchos y dormir a pierna suelta.

Nuestra vida había dado un giro de 180 grados

No trates de explicar a una persona que no tiene hijos lo mucho que cambiará su vida en el momento de convertirse en madre o padre. Sencillamente, no lo entenderá, por mucho que lo intentes. Es algo que solo se comprende cuando te encuentras con un bebé en brazos en el mismísimo paritorio. Un bebé que se convierte en el centro de tu vida y la de tu pareja. Una personita por la que darías tu vida si llegara el caso. ¡Cómo se puede querer tanto a algo tan diminuto! ¿No es maravilloso?

Aunque muertos de miedo, ahora éramos tres personas rebosantes de felicidad. :)

¿Recuerdas cómo fue el momento de llegar a casa con tu bebé?

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Diario de una mami

 

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