Los bebés nos sorprenden sin cesar a la hora de jugar

los bebés evolucionan también jugando A medida que los bebés se van haciendo mayores les vemos conseguir logros cada día. Conquistas que para ellos son un paso más pero para nosotros, los padres, son asombrosas demostraciones de cómo evolucionan, de cómo crecen. En multitud de ocasiones, somos testigos de hechos que hemos visto en otros niños a la edad de los nuestros o hemos oído en otras familias.

Acontecimientos que, no por ser extraordinarios para el seno familiar que lo vive, dejan de ser regulares en la inmensa población de los bebés de similar edad.

Sin embargo, hay cosas que nos causan más asombro que otras y nos preguntamos si va alcanzando nuestro hijo un nivel de desarrollo mental y cognitivo que le permite no sólo aprender y repetir, que parece la tarea más sencilla y primaria, sino analizar, deducir y actuar en consecuencia.

Sé que estoy teorizando demasiado. Pasemos a ejemplos concretos para ilustrarlo.

los bebés y su evolución

Lleva días, incluso algún que otro mes, “jugando al escondite”. Mi hijo tiene ahora año y medio y con unos dieciséis o diecisiete meses, cuando preguntábamos en alto, en clara complicidad con el juego, dónde estaba el niño, él salía corriendo a esconderse de nuestra vista. Y se escondía de verdad. Por un rato, eso sí, porque él mismo consideraba (y sigue considerando aún ahora) que lo divertido era (es) aparecer de repente, mostrarnos que ha conseguido “engañarnos” y sorprendernos a la vez.

los bebés juegan al escondite

Por supuesto, las risas suyas y nuestras están garantizadas… hecho que refuerza el aprendizaje que pueda llevar a cabo con esta acción. Pero es que no es el único ejemplo. Otro que nos parece más sorprendente ha ocurrido hoy por primera vez.

Pongámonos en situación. A punto de darle el biberón de antes de dormir, estaba claramente de buen humor. A mi mujer se le ocurre decir, “se ha dormido el niño”. Y mi hijo cierra los ojos; bueno, no sólo los cierra, los aprieta y sólo cuando repetimos varias veces la retahíla “se ha dormido, se ha dormido…” abre los ojos de repente y pone su mejor sonrisa para mostrarnos, de nuevo, nuestra derrota ante su incipiente mente pensante.

Desconozco si estos comportamientos (que a mí me perecen de alguien mayor) son propios o no de su edad. Lo que sí refuerzan es mi orgullo de padre por ver a mi hijo crecer con ingenio y capacidad de aprendizaje.
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Acerca de Javier

Un Padre con la L
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