Mi hijo tiene fiebre. ¿Qué hago?

Nos asusta, y mucho. Pero no podemos olvidar que la fiebre es una respuesta de nuestro organismo, que se prepara para hacer frente a alguna infección vírica o bacteriana. Y que, lejos de alarmarnos, debemos ser prudentes y no ponermos siempre en lo peor, aunque es difícil.

Fiebre en niños. Cómo actuar

¿Qué hacer entonces ante un episodio febril?

En primer lugar, mantener al niño bien hidratado, con agua, leche, zumos y alimentos ricos en líquidos (fruta, sopas, caldos, papillas…). Es importante que controlemos si orina de forma frecuente y abundante.

Los baños con agua fría o los paños húmedos en la frente están desaconsejados, así como desnudar a los niños cuando tienen fiebre.

Si la fiebre es superior a 38 grados, podemos administrar al niño paracetamol, que es lo que se recomienda siempre en estos casos. ¿Y cuánta dosis? La que le corresponda en función de su peso. Se calcula de forma fácil y rápida multiplicando los kilos por 0,15, aunque se recomienda siempre consultar con el pediatra.

Y mantener la calma, siempre, en todo momento. El niño no puede vernos alterados, porque creerá que la situación es grave y se asustará.

Debemos vigilar que la fiebre no se eleva hasta niveles demasiado altos y controlar que no dura más de 2-3 días. En caso contrario, se recomienda acudir al médico.

¿Debemos ir a urgencias si el niño tiene fiebre?

Por norma general, no. Allí no le harán nada por tener la temperatura alta un par de grados. Sobre todo si la fiebre ha comenzado hace solo unas horas o un día o no es muy elevada. Claro que, en determinadas circunstancias sí hemos de acercarnos hasta un hospital para que valoren lo que ocurre.

¿Cuándo hemos de llevarle al hospital?

Debemos trasladar al niño con fiebre hasta el hospital más cercano si…

  • Su edad es inferior a 3 meses.
  • Presenta rigidez de cuello o manchas en la piel de color morado o rojo.
  • Vomita o tiene diarrea de forma persistente, por el riesgo de deshidratación.
  • Tiene convulsiones o pierde el conocimiento.
  • Presenta dificultad para respirar (pitos en el pecho, se le marcan las costillas, lo hace de forma agitada…).
  • Le encontramos excesivamente decaído.
  • Está muy irritado y llora continuamente, sin que seamos capaces de calmarlo.

Podéis encontrar más información en el Decálogo de la fiebre de la Asociación Española de Pediatría.

¿Qué haces cuando tu hijo tiene fiebre?

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