Motricidad de un bebé de 9 meses

Motricidad fina y motricidad gruesa en el bebé.

He hablado ya varias veces de las cosas que es capaz de hacer con las manos, con los pies, con su cuerpo nuestro niño que ahora tiene nueve meses. ¡Pero es que cada vez nos sorprende con cosas que van aumentando nuestro asombro!

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Hay una hamaca en casa que usábamos antes para tenerle controlado para poder dedicarnos nosotros a otra cosa que, como se le ha quedado pequeña, la tenemos arrinconada en el salón. Desde que empezó a gatear, le gusta acercarse a la hamaca para intentar chupar las patas (sí, es otro “vicio” de los niños de esta edad, todo se lo llevan a la boca).

Mi sorpresa fue cuando le veo acercarse a la hamaca, se sienta frente a ella, se agacha,  motricidad minilandagarra la pata de la hamaca con las dos manos, levanta la hamaca del suelo todo lo que le daban los brazos y la deja caer de golpe. ¡Vaya susto me llevé, pensando que le podía caer en un pie!

Pero cuando me recuperé del susto, me di cuenta que ya tiene un control exagerado de lo
que hace con la manos.

Por supuesto, coge con soltura las piezas de estos juegos educativos en los que hay que meter por sus correspondientes agujeros piezas de unas formas determinadas. Aún no las mete cada una en su sitio pero no creo que tarde.

Como siempre que veo alguna novedad en mi hijo, busco información en la red.

Allí he encontrado cómo se denomina a la distinta motricidad que va experimentando un bebé.

Cuando se trata del movimiento de todo el cuerpo en el espacio, se habla de motricidad gruesa. El siguiente paso es la motricidad media, cuando el pequeño mueve tanto su cuerpo como sus brazos y/o piernas pero sin cambiar de sitio. Finalmente, tenemos la motricidad fina, aquella en la que vemos rotaciones, giros, torsiones de brazos, manos, dedos. Esta última, la motricidad fina, el la que aplica cuando consigue coger, y lo consigue, hasta el trozo más pequeño de papel que haya en el suelo o la pelusa que no hemos visto al barrer. Y a la boca, claro…

En el baño, patalea incluso cuando le decimos que lo haga. Se cambia un juguete de mano si le pedimos que deje libre un brazo y luego otro para vestirle o desvestirle. Y, ¿cómo no? aplaude ya a discreción. Y como ve que es algo que gusta, lo repite con mucha frecuencia y lo acompaña de una risa de alegría que nos da la vida.

Seguro que nuestro hijo no es un caso especial y que muchos niños a su edad y mucho antes hacen lo mismo que hace él ahora pero, y vosotros mismos lo veréis, el descubrimiento de lo que va consiguiendo hacer vuestro propio hijo es para unos padres como si hubieran arribado a América en lugar de Cristóbal Colón.

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Acerca de Javier

Un Padre con la L
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