Nuestro hijo esta hecho un verdadero trasto

Aunque ya venimos advirtiendo desde hace unos cuantos días que el comportamiento de nuestro hijo, con sus casi dieciocho meses de edad, está, digamos, “asilvestrado”, hoy que ha venido mi madre a casa para verle ha ofrecido su mejor repertorio de travesuras y demostraciones de lo que un bebé en plena expansión de su independencia es capaz de hacer.

nuestro hijo es curioso

Mi madre ha reconocido que es muy posible que haya redoblado su “actividad frenética” por el hecho de estar ella, que no está con él todos los días y que, por tanto, “debía” mostrarle todo de lo que era capaz.

Así, aparte del abanico de risas, sonrisas zalameras y otros embauques, ha zapateado, ha bailado, se ha subido a todo a lo que tenía alcance, se ha tirado por el suelo, ha rodado, ha tirado todos los objetos que caían en sus manos y, cómo no, ha soltado la mano, que la tiene muy ligera, todo hay que decirlo, a la primera que le hemos llamado la atención.

Eso sí, lo cierto es que cuando lo ha hecho y me ha visto muy serio regañándole, me ha echado los brazos al cuello y se ha lanzado a darme un beso.

nuestro hijo esta hecho un trasto

Nuestro hijo es un trasto,  pero con sentimientos.

El caso es que todos los niños a su edad (especialmente los niños, como bien me recuerda mi madre) son más brutos, más trastos. El límite está cuando quiere hacer constantemente cosas imposibles, cuando es tajante cuando dice “no” y lo hace de forma continuada y sus rabietas cuando recibe una respuesta contraria por parte de los padres es más airada y duradera.

nuestro hijo es movido

Para tratar de vencer esas situaciones, hay que hablarles mucho. Contarles todo lo que va a pasar a continuación (muchas veces parece que sus reacciones desproporcionadas se producen porque sienten inseguridad frente a lo que les va a suceder en el futuro próximo), con palabras sencillas y claras (sin diminutivos, que el niño aprenda desde el principio las palabras como son) pero con todo lujo de detalles. Por supuesto, hay que ofrecerle todo el cariño del que seamos capaces y cuando acabe haciendo lo que se la pedido que haga, premiarle con un aplauso, un abrazo, unas palabras de ánimo o, mejor aún, un poco de todo lo anterior.

Con esta actitud, el niño trasto se quedará en un niño feliz que se mueve lo que se tiene qwue mover para su edad.

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Acerca de Javier

Un Padre con la L
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