Padre primerizo : lo que hace mejor y peor que los mas expertos

Un buen amigo, avezado en la labor de padre, compartió conmigo una verdad absoluta en lo referente al trato que le damos a nuestros hijos. Me contó que, cuando sólo se tiene un hijo y se le cae el chupete al suelo, uno lo coge rápidamente y lo pone a hervir o lo esteriliza en el aparato apropiado. Cuando te pasa con el segundo, pasas la tetina del chupete por el chorro de agua del grifo. Ya con el tercero, te lo metes tú en la boca y lo chupas para quitarle las posibles “impurezas”.

padre primerizo

Quizás sea una exageración o, tal vez, el fruto de la experiencia. La ausencia de ésta en los padres primerizos nos mueve a realizar cosas que luego, en frío, a lo mejor nos planteamos de otra manera.

¿O es que nadie ha dudado si ha hecho bien en pasarse infinidad de noches con el niño en brazos para que se durmiera en lugar de dejarle solo en la cuna? Seguro que sí.

Un padre primerizo, con tal de no equivocarse, suele pecar por exceso.

Si el niño quiere brazos, doble ración. Que quiere un juguete, toma dos. Que quiere comer de lo que nosotros comemos aunque acabe de zamparse un platazo de puré, pues currusco de pan al canto. Que quiere que le devuelvas las cosas que ha tirado un millón de veces al suelo, pues uno se agacha lo que haga falta.

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Aunque estas cosas yo las considero no tanto fallos de pardillo sino parte del aprendizaje mutuo. El niño nos está probando, está probando el mundo pero es que nosotros estamos afrontando una situación totalmente nueva y, en la mayoría de los casos, tan deseada que se hacen extras que en otras circunstancias no se harían.

Sin embargo, estoy seguro de algunas cosas que no hay que hacer: no marcarle pautas, por muy pequeño que nos parezca y poco creamos que nos entiende; no saber decir que no en ocasiones; regañar, chillar, decir palabrotas delante de ellos; no contar con un criterio unificado entre los padres; no apoyarse en las decisiones un padre al otro; sucumbir constantemente a las rabietas; dejar que sea el niño quien marque (por su voluntad no por su necesidad) la vida de sus padres.

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No obstante, muchas otras cosas las hacemos de fábula: estamos concentrados cien por cien en nuestro tesoro, lo más importante de nuestra vida, damos mucho más de nuestras capacidades normales, perdemos sueño y no nos importa, jugamos con ellos hasta perder la dignidad y, sobre todo, entregamos ese amor que estrenamos y que, estoy seguro, con un segundo hijo tendrá otra tonalidad distinta

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Acerca de Javier

Un Padre con la L
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