Pasarle a su cuarto : ¿a que edad debe el bebé dormir solo?

Algunos (pediatras y no pediatras) convienen en que, aunque sea de manera paulatina, poco a poco, se deba pasarle a su cuarto desde los seis meses.

pasarle a su cuarto cuando se debe pasarle a su cuarto

Aducen que luego es mucho más difícil sacarles de nuestras “faldas” (algo común a cogerles en brazos o no). Por el momento, el nuestro tiene once meses sin despegarse del lado de nuestra cama a la hora de dormir.

El caso es que, si te pones a buscar fundamentos de alguna enfermedad o trastorno psicológico en personas que, cuando eran niños, hayan dormido más tiempo que el resto en la habitación de sus padres, incluso en su cama con frecuencia, no he encontrado ninguno.

cuando pasarle a otra habitación

Se me ocurre que, como todos los padres, nosotros también queremos que acabe ocupando ese cuarto que hemos ido construyendo desde antes de que naciera (en nuestro caso, que estrenamos casa con la llegada de nuestro hijo, su habitación estaba lista mucho antes que la nuestra) pero, pensándolo tranquilamente, es el único motivo de peso que se me ocurre para darse prisa en moverle.

Sin embargo, ¿por qué nos vamos a quitar los tres el gusto de dormir juntos? ¿Por qué vamos a tener que recorrer los metros que sean cuando se despierte por la noche para ir de nuestro cuarto al suyo? ¿Por qué vamos a tener que dejarle llorar (que lo hará, seguro) si se ve en un espacio sin sus padres y que no controla demasiado? ¿Por qué vamos a evitarnos la gozada de ver la carita sonriente de nuestro pequeño cuando se tumba entre nosotros dos en nuestra cama?

¿Por qué? (me ha salido el deje Mourinho, lo siento…)

cuando pasarle a su habitación

Vamos, que creo que no debe haber reglas temporales para que un niño ocupe su cuarto.

Sólo pautas de sentido común: cuando veáis que despegarse deja de ser “traumático” para los tres (los tres, no lo olvidéis; muchas veces sufrimos más los padres, de hecho), cuando el niño ha pasado ratos en su cuarto, ha jugado en él, se siente cómodo, cuando nos hemos asegurado que el tránsito no ha sido brusco sino suave y, por supuesto, no lo hemos hecho coincidir con otro cambio importante (que empiece el cole, por ejemplo), en ese momento, estaremos todos preparados para el movimiento.

Pero sin prisas, que no las hay.

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Acerca de Javier

Un Padre con la L
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