Primeras palabras, los seis primeros meses claves .

Todos los padres queremos que nuestros hijos se lancen con sus primeras palabras, eso es así.

primeras palabras de un bebé

Y también nos desesperamos un poco si “tardan” más de la cuenta en pronunciar sus primeras palabras (si es que se puede emplear el término “tardar” en algo tan subjetivo como el inicio del habla en un niño).

Por otro lado, siempre se ha dicho, al menos lo que viene de la sabiduría popular, que los niños son esponjas, que lo absorben todo, se quedan con todo.

Sin embargo, no solemos unir nuestra “necesidad” de que hablen con su “capacidad” de captar y no les “entrenamos” convenientemente.

sus primeras palabras

De todos modos, en nuestro descargo, podemos aducir que existe algún que otro estudio científico (los americanos, cómo no, se han puesto con ello) que indica que son los primeros seis meses de un bebé los más “productivos” a la hora de entrenarles.

Parece que durante esos meses cruciales, el cerebro del niño, en pleno desarrollo (y rápido desarrollo) va generando interconexiones cerebrales prácticamente para cada aspecto nuevo del entorno que le rodea.

Las crea para lo que ve, para lo que palpa, para lo que huele… y también para lo que escucha.

Por eso, sería muy importante aprovechar esa capacidad que tienen, especialmente, esos primeros seis meses en los que prácticamente por cada sonido podrían crear interconexiones cerebrales que, ya más crecidos es más difícil. Y en la época adulta casi imposible.

Por tanto, si “sometiésemos” a nuestro hijos durante esos seis meses a una exposición variada y constante de todo tipo de sonidos, fonemas, palabras… los irían captando de un modo natural (lo que confirma lo dicho por el saber popular).

primeras palabras de los niños

Esto explica que, por ejemplo, los orientales digan las “r” como “l”, ya que ellos no disponen de un fonema similar y, por tanto, sus entornos no lo emplean en esos seis meses y los bebés orientales no pueden generar el “receptor” de ese tipo de sonidos en sus cerebros. Igual les pasa a los franceses con la “rr”, por ejemplo.

Y, por supuesto, cuanto mayor seamos, menor capacidad para asimilar sonidos distintos a los que solemos emplear desde la cuna. Que se lo digan a cualquiera que se ponga a estudiar un idioma de mayor, sobre todo si es muy distinto del nuestro.
 
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Acerca de Javier

Un Padre con la L
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