Reacciones de los padres ante sus caídas constantes

Las reacciones que tenemos los padres ante las caídas constantes de niños de la edad de mi hijo, año y medio, son muy diversas. Lo cierto es que cada uno reacciona de una manera.

Pero existen ciertas pautas que todos deberíamos tener en cuenta.

reacciones ante las caídas

Lo primero que hay que saber es que un niño que acaba de pasar el año, es más o menos autónomo, se mueve por sí mismo, anda, corre, salta, sube escalones… pero todo, absolutamente todo lo hace todavía bastante en precario. Esto significa que muy probablemente su todavía no completa estabilidad le jugará alguna mala pasada y se caerá. Más de una vez.

Y no os culpéis. Salvo que tengáis al niño en una burbuja, será imposible protegerlo al cien por cien en todo momento. Así que ésa es la primera conclusión: caerse, se caerá. Lo importante ahora es saber qué hacer cuando se caiga.

el curasana para minimizar reaccionesY no me refiero a cómo tratar las posibles heridas físicas que se produzca, que de ésas ya hemos hablado en otro post. Me refiero a como hacer frente a las reacciones o  “heridas psicológicas” del niño en esos casos.

Porque, no os quepa duda, cuando el niño viene llorando desconsolado después de darse un golpe, no lloro sólo por el dolor que siente sino por la rabia y el miedo que le produce descubrir que hay cosas en su entorno que le pueden causar incomodidad, incluso dolor. Es una mezcla de frustración por no dominar totalmente lo que hace y el susto propio de un incidente cualquiera.

Pues bien, nuestras reacciones ante él son muy importantes no sólo para superar el momento concreto sino para asegurarse de que su desarrollo en el futuro es el adecuado.

reacciones ante las caídas

No seamos alarmistas pero tampoco le quitemos toda la importancia siempre a las cosas. Yo suelo hacer esto, siempre le digo a mi hijo ante una caída “no pasa nada” y, como me advierte mi mujer, esta frase repetida en todas las ocasiones puede provocar que mi hijo piense que no le doy importancia a su dolor (porque a él le duele de verdad), que se retraiga en el futuro y no cuente más lo que le pasa e incluso puede llegar a producirle de mayor afecciones físicas (como dolores de cabeza o de estómago) como consecuencia de este bloqueo.

Lo que hay que procurarles es cariño, atención, hacerles ver que nos importa lo que les ha pasado, el dolor que sienten y ayudarles a superarlo. Explicarles por qué les ha pasado y cómo pueden evitarlo en el futuro es bueno. Elegir fórmulas (el típico “sana, sanita…”) con las que identifique el niño, como si fuesen unos polvos mágicos, que a partir de ahí consiguen sus padres que el dolor se pase, también ayuda. Y, sobre todo, si quiere recostarse en nuestro pecho más tiempo del habitual, no hay nada mejor para que sus pequeños (o grandes) problemas se vayan.

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Acerca de Javier

Un Padre con la L
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