Sus primeros hábitos de juego con nosotros

Resulta curioso verle evolucionar y ver cómo va cambiando su forma de alimentarse (del pecho a los biberones, las papillas, los purés, la comida sólida…), darse cuenta de cómo avanza en su forma de moverse (pasando del gateo a ponerse de pie y después a caminar, primero con ayuda y luego independiente) y también es la mar de sorprendente descubrir cómo también cambia sus primeros hábitos de juego.

Con apenas un mes y medio, en su manta de juegos, se limitaba a alargar el brazo y tratar de agarrar los colgantes que estaban frente a él, especialmente los que se movían más y tenían colores más intensos.

           sus primeros momentos de juego sus primeros hábitos de juego

Con el tiempo fue añadiendo elementos en su “campo de juegos”: cubos con piezas de diversas formas y colores, cochecitos, construcciones a base de piezas blanditas, muñecos, artículos con música, pelotas…

Pero todos ellos juguetes que requerían, prácticamente, su acción individual.

Sin embargo, desde hace un par de meses, aproximadamente (ahora tiene quince), sus primeros hábitos en la forma de jugar han cambiado y empieza a requerir la presencia de algún adulto de su entorno.

Además, si bien sigue empleando y compartiendo con nosotros los juguetes con los que suele jugar (y haciéndonos partícipes, por tanto, de unos juegos en los que antes sólo estaba él), ahora comienza a utilizar algo más importante, su imaginación y su mente.

sus primeros hábitos

Por ejemplo, no necesita ningún juguete para jugar con cualquier de nosotros a perseguirnos mutuamente (ahora que no sólo anda sino que corre, con sus limitaciones, pero corre). De hecho, le produce un placer especial cuando estamos a punto de “pillarle” y le entra esa risa floja de nerviosismo que tanto nos gusta.Pero es que lo que está haciendo últimamente creo que alcanza otro nivel en el hecho de quemar etapas en su evolución como persona (como personita…).

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¡Juega con nosotros al escondite!

A sus quince meses, es capaz de esconderse detrás de unas cortinas o de su propia trona (de momento le cubre por entero) y quedarse absolutamente callado (lo que tiene mucho mérito porque este niño no para de emitir sonidos de todo tipo) hasta que escucha nuestra frase cómplice “¿Dónde está el niño?” y sale de su escondite sonriendo y mirando a todos y cada uno de los presentes para ver si nos hemos percatado de su presencia.

Seguro que es algo natural en su evolución pero no deja de asombrarnos cada cosa nueva que vamos descubriendo. Indudablemente, pasaréis como padres por estas mismas sensaciones, os lo aseguro.

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Acerca de Javier

Un Padre con la L
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