Tener un hijo: ¡no hay nada mejor en el mundo!

Si alguien está dudando si tener un hijo o no ya se lo adelanto, no encontrará en su vida instantes tan especiales y únicos como los que nos regalan los niños.Es cierto que te cambian la vida, por supuesto.

tener un hijo por primera vez tener un hijo , cambio

Nada vuelve a ser lo mismo en la pareja; al principio, cuando hay tanta inexperiencia y tanto por hacer, cada uno se ocupa un poco del crío mientras el otro se ocupa, algo, de sí mismo, con lo que la relación de pareja se limita a los momentos, ya exhaustos, tirados en el sofá después de cenar apenas.

Es obvio que tener un hijo supone sacrificios esfuerzos, trabajo, preocupaciones, desvelos, noches en vela, malos sueños, salidas a urgencias, visitas obligadas a los familiares, eventos sociales para “enseñar” al niño, problemas de rebeldía, de enfermedades, los propios de la educación, incluso apreturas económicas…

Todo eso es cierto e irrefutable.

Sin embargo, cuando despierto a mi hijo de catorce meses para vestirle y llevarle a la guarde a la indecente hora de las siete y cuarto de la mañana y, después de ubicarse, lo primero que me dedica es una sonrisa de oreja a oreja enseñándome los “dientines” que muestra tanto arriba como abajo, os lo aseguro, se para el mundo, se congela el universo, las preocupaciones no es que pasen a un segundo plano, simplemente, desaparecen y la vida adquiere brillo, color y banda sonora. tener un hijo , cambios

Si accede a jugar conmigo y parece que se esconde para luego buscarme asomando ligeramente la cabecita y al verme se pone nervioso, se ríe en un grito, medio nervioso, medio excitado, y corre a los brazos de su madre ante mi “amenaza” de “cogerle el culo” en busca del refugio que él cree seguro para librarse, todo esto sin parar de reír a carcajadas un segundo, os lo aseguro también, ya han podido pasar los mayores males en el mundo, que yo no los siento en ese momento.

tener un hijo, cambios en la vida

Cuando le voy a cambiar el pañal y, desnudito, hago que le como todo el cuerpo y el se encoge, se ríe o hace que me impide la jugada con sus manos diminutas, siento, de verdad, que es insuperable.

Y cuando le veo disfrutar, enternecerse, deshacerse de cariño en brazos de su madre, a la que adora, pienso sinceramente que no hay nada mejor en el mundo.

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Acerca de Javier

Un Padre con la L
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