Un master en llantos al menos nosotros ya tenemos

Si, ahora que están tan de moda, te apetece hacer un master, te propongo una cosa. Ten un hijo y en unos meses tendrás, al menos, un master en llantos.

un master en llorar cuando tienes un hijo

Porque, aunque desde el desconocimiento del que no ha tenido hijos todavía se ve la cosa muy sencilla (el niño llora y ya está, siempre igual…), en cuanto tienes un hijo y le ves día tras día, le observas y descubres sus gestos, sus hábitos, sus costumbres, también te das cuenta que, igual que no le va a llamar de igual manera a su madre que a ti, papá, tienen distintos tipos de llanto en función de lo que les pase.

un master en llorar

Cuando son muy pequeños (o, más bien, desde que son muy pequeños) existen unos tipos de llanto que se dan en todos los niños. No controlan otro tipo de comunicación y es ése el que emplean para decirle a los adultos lo que le pasa. Bueno, en realidad, para darles unas ideas de lo que les puede pasar, que a ciencia cierta no lo sabremos.

Cómo no, los más típicos son los llantos por hambre y por sueño o cansancio.

Son, además, los mejores en el sentido de que son los más fáciles de solucionar. Aunque suene a perogrullada, basta con darles de comer o hacer que descansen.

El de hambre es un llanto constante pero como “arrastrado”, suplicante. Cuando están cansado, sin embargo, parece que lo llevan peor y al llanto constante y de queja, le meten de vez en cuando algún “golpe de estridencia”, para que quede claro que están a disgusto. Pueden alternarlo con gestos como meterse el dedo en la boca o frotarse los ojos. Ahí ya no hay duda.

un master en lloros

Un llanto que también identificaréis es el que producen cuando tienen alguna molestia o incluso dolor. Son más agudos (debe cerciorarse de que entendemos que algo malo les pasa) y, a diferencia de los llantos de hambre y cansancio, no se les pasa aunque les cojamos en brazos. Si se trata de algo pasajero, como gases, por ejemplo, muchas veces una postura concreta (si son gases, encogerle y estirarle las piernitas o acostarle con su tripita sobre nuestro antebrazo) puede ayudar.

 

Pero existe otro llanto del que uno tiene conocimiento cuando pasan los meses y el bebé ya es un niño y sabe más que los ratones colorados (caso de mi hijo de dieciséis meses). Es el llanto de quiero tu atención o quiero esto y lo quiero ya. Es más grave, más hueco (lo suelen hacer con la boca muy abierta), por supuesto, sin lágrima y buscando con la mirada bien lo que nos piden bien algo con lo que distraerse, en cuyo caso dejan de llorar de inmediato. Es el que yo llamo “llanto de cuentista”.

En definitiva, todo un master en llantos si se tiene un bebé.

 
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Acerca de Javier

Un Padre con la L
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