Visitar a un recién nacido ¡¡¡Sin perfumes, por favor!!!

Ya sea de parte de unos amigos o de familiares lejanos o, mejor aún, de familia directa, ir a visitar a un recién nacido es siempre motivo de fiesta y celebración.

Es todo un acontecimiento.

visitar recién nacido

No conozco a nadie que no haya ido a visitar a un recién nacido, con una sonrisa de oreja  a oreja al hospital a comprobar lo bien que estaban madre e hijo, acompañados, por lo general, del consabido ramo de flores o del peluche para el bebé.

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Y no sólo con eso, por desgracia.

Porque, como celebración que es, para la ocasión nos ponemos nuestras mejores galas (de diario, pero galas) y nos acicalamos convenientemente con la colonia para momentos estelares de la vida o con ese perfume regalo de Reyes, carísimo y extraordinariamente penetrante.

Digo por desgracia porque, si bien parece un detalle de respeto por parte del que visita, ya que dedica sus mejores complementos para el encuentro, no es lo más indicado para ir a visitar a un recién nacido.

Todos sabemos que, al nacer, prácticamente no ven, apenas luces, ni siquiera bultos. Distinguen sólo entre blanco y negro y los contrastes de luminosidad y oscuridad. Su vista sólo “se centra” un poco a una distancia máxima de veinte centímetros. No necesita más, es la distancia a la que tendrá la cara de su madre mientras se alimenta.

newborn hospital visit

El resto de sentidos los tiene más desarrollados.

Desde hace tiempo, en el vientre de su madre, ha reconocido la voz de su madre (la del padre también, como hemos dicho en alguna ocasión aunque sea para el bebé algo complementario…) y será la voz de la madre su mejor calmante una vez nacido.

El gusto también muestra un desarrollo considerable si bien logran distinguir entre dulce y amargo pero deben esperar unos meses para percibir lo salado.

En cuanto al tacto, ya han hecho sus ensayos en su mundo submarino pre-nacimiento y por eso es esencial dedicarles caricias al nacer y la técnica “piel con piel” que tan en boga está actualmente no hace más que confirmar esta relación.

Por último, y enlazando con el objetivo de este post, el olfato, la guía que tendrá el recién nacido, un auténtico topo entre hombres, para seguir el camino que le marque el olor natural de la piel de la madre, los indicadores que le digan por dónde ir para alcanzar la meta soñada, el pecho de la madre, es de una sensibilidad extraordinaria.

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Y cualquier elemento estridente en esa “pintura” puede estropear el lienzo. Cualquier olor intenso, por muy agradable que pueda ser, puede confundir el sentido del olfato del pequeño y dificultar, no lo olvidemos, lo que es primordial, su subsistencia las primeras y críticas horas.

Esta necesidad de evitar estridencias puede hacerse extensible a sonidos y a todos los sentidos en general. Porque, si nos parece normal que no le cojamos con fuerza o le demos a comer un plato de chili con carne, ¿no es igual de lógico que no le hablemos con voz alta o le sometamos a un baño de aromas de todo tipo?

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Acerca de Javier

Un Padre con la L
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