Andar y la etapa “ojo avizor” de los padres

Ya comenté en otro post que desde que nuestro hijo cumplió los doce meses, más o menos, (ahora tiene quince), se iniciaba la etapa del dolor de riñones, aquella en que la postura más habitual para unos padres era en forma de ángulo recto, pero con los brazos bien estirados para retener la efervescencia del que acaba de aprender a andar.

andar del bebé y cuidado de los padres

En ese momento ya echábamos de menos la época en que el niño, como mucho, gateaba; y ni que decir tiene aquella otra en la que le dejabas en la cuna, en el cochecito o en el cuco y se movía un poco, lloraba de vez en cuando pero no había necesidad de perseguir a nadie.

Ahora, como es lógico, ya sabe andar y día a día va cogiendo más experiencia.

Esa experiencia, no obstante, no está exenta de una inestabilidad en algunos momentos que hacen temblar a cualquiera.

Pero como un niño tan pequeño tiene en mente única y exclusivamente explorar el mundo y no conoce la palabra miedo ni su amigo el riesgo, se lanza sin pensar a los abismos más profundos que el temor adulto pueda imaginar.

andar y los cuidados de los padres

Os pongo un ejemplo.  Estamos en verano y en casa de mis suegros hay una porción de césped con una buena piscina en medio.Resulta que una de las aficiones de mi hijo (supongo que como muchos otros niños de su edad) es lanzar cosas al agua de la piscina. No importa que sea una pelota o un juguete que abulte más que él, eso es lo de menos. Es un chico, al fin y al cabo…

El caso es que, sea lo que sea lo que vaya a tirar, como le quiere imprimir la fuerza necesaria para hacerlo, no se da cuenta que puede acabar también él en el agua (más de una vez le he levantado en vilo con los pies a punto de entrar en el agua… por supuesto, totalmente vestido) y tenemos que estar con más cuidado que para qué.

Otro ejemplo: él ve que ya no sólo anda sino que cada vez lo puede hacer más rápido. Y, claro, se embala más de la cuenta muchas veces. Si está corriendo sobre una superficie amigable (digamos arena o césped) el peligro no es muy grande pero si corre sobre cemento, con lo duro que es y donde la más mínima grieta puede dar al traste con su seguridad mal entendida pues pasa lo que pasa; lo que ya ha pasado, de hecho, que se hace cisco las rodillas.

andar con cuidado

Eso sí, son lágrimas que le hacen aprender, tenedlo en cuenta. Aunque los padres también aprendemos cosas en episodios como estos…

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Acerca de Javier

Un Padre con la L
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