Palabrotas, ¡PONLE FRENO!

Muchos padres cuando hayan leído el titular de este post habrán pensado… ¡como si fuera tan fácil! Y es cierto que en algunos casos, los pequeños empiezan de un día para otro a decir palabrotas y cómo acabar con este problema, se plantea una duda difícil de resolver.

palabrotas

 

Desde que el pequeño empieza a hablar, puede reproducir cualquier palabra de su entorno y, entre ellas, si alguien las dice, las palabrotas. Aun así, cuando los niños empiezan a decirlas, por ejemplo, entre los tres y cinco años, no tienen aun consciencia de lo que dicen, sólo se darán cuenta de que no está bien si así sus padres se lo hacen saber. Diferente es cuando ya el pequeño ha cumplido entre siete u ocho años, por ejemplo. En este caso, sí que sabe que lo que dice está mal y lo hace con el objetivo de provocar, molestar o en algunos casos para llamar la atención.

Por ello, es fundamental que desde que son más pequeños se le ponga freno a este tema, si empiezan a decir palabrotas más adelante, hay ciertos consejos que también serán útiles en ambos casos.

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En primer lugar, y es algo que repito a menudo en mis post, por favor, padres, no olvidéis que sois ejemplo para vuestros pequeños. No comprendo a esos papás y mamás que riñen a sus hijos por decir una palabrota y que, al darse la vuelta y seguir hablando con algún amigo/a empiezan a despotricar, diciendo mil y una palabras malsonantes. Y esto que digo lo he vivido no una sino muchas veces. Lo cierto es que no parece raro que el pequeño lo diga sin más, ve que es algo cotidiano en su hogar y por ello, como otro hábito más, lo adquiere.

Sin embargo, es cierto que no siempre los padres o familiares cercanos son los que les enseñan estas palabras malsonantes, sino que las aprenden en el cole, por ejemplo. Pero la reacción que tengáis ante ello, será definitiva a la hora de modificar radicalmente esta situación. Me refiero a que, por ejemplo, hay pequeños que incluso cuando solo tienen tres o cuatro años un día llegan a casa con esa “fantástica”, lo digo irónicamente, palabra a su casa. Fantástica para ellos, ya que, si la dicen y vuestra reacción es la risa, creerán que están diciendo algo de lo más gracioso. Entonces sí que será complicado que deje de decirla. Además, todo lo contrario, es decir, enfadarse de forma desmesurada tampoco es la mejor opción, siempre refiriéndome a niños más pequeños que no saben realmente el valor de la palabra.

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¿Qué hacer entonces? Será el momento de explicarles, intentando siempre hacerlo del modo más calmado posible que no debe decir esa palabra, que es fea y que puede llegar a ofender a alguien.

Aun así, si tras las explicaciones, la indiferencia, no darle importancia ni en positivo ni en negativo… el pequeño sigue diciéndolas, ha llegado el momento de ponerse serios. Ya en este punto debe quedarles claro que NO deben decirlas y que, igual que no se le puede pegar a un compañero tampoco hay que insultarlo, ya que, a fin de cuentas se le hace daño de igual forma.

Los métodos para lograrlo dependen del pequeño y de su carácter. Y es que, si se da el caso de que el pequeño lo hace como forma de llamar la atención y que es su modo de demostrar que no están cómodos con alguna situación, será el momento de que sus padres hablen con él tranquilamente.

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En otros casos, si sólo es una racha pasajera, puedes ingeniar alguna forma de “castigo” que, realmente le haga pensar dos veces lo que dice. Por ejemplo, esa noche mamá no leerá el cuento con él antes de dormir, no podrá venir su amigo a jugar con él, no verá esa tarde su serie favorita… son ejemplos simples pero cada padre y madre sabrá encontrar aquello que sabe que le importa a su pequeño y que le hará entrar en razón. Aun así, lo mejor, antes de llegar a este punto, es hablarlo con tranquilidad y sobre todo, no darle mayor importancia de la que pueda tener. Están experimentando, simplemente, aunque si no quiere ceder, habrá que ser un poco más estrictos, antes de que sea peor.

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Acerca de Maria José

Periodista y Blogger
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