Rutinas peligrosas en los niños: ¡lo quiero todo ya!

Es bueno que los niños adquieran rutinas donde los padres y adultos que les rodean, les enseñen las reglas establecidas, porque la sociedad en la que vivimos está estructurada a base de estas.

Estas rutinas en los bebés son buenos, o pueden serlo, al menos. Pero también pueden llegar a convertirse en peligrosos.

rutinas peligrosas

Sin embargo, el incipiente carácter de un bebé de once meses puede hacer estragos en nuestra labor de tutelaje y, si no tenemos las cosas claras y actuamos con uniformidad y de manera solidaria (las pareja, mamá y papá, deben ser, a los ojos del niño, uno solo), puede hacer trizas nuestra paciencia y, en consecuencia, lo poco o mucho que hayamos logrado inculcar en el pequeño. Todo esto viene a cuento de lo que nos está pasando con nuestro hijo de casi un año.

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Desde hace un par de meses, más o menos, estamos observando cómo aprende de cada acción que él lleva a cabo y, sobre todo, de cada reacción que nos descubre con cada uno de sus actos. Al principio, se limitaba a mirar, con sus ojos bien abiertos, pero sin hacer apenas nada, como absorbiendo cada segundo de la escena para saber cómo actuar la siguiente vez que ocurriera.

rutinas desfavorables

Después comenzó con el segundo acto: las pruebas. Así, lloriqueaba de un modo inconsistente, como prueba que era, para ver cómo nos portábamos nosotros. En mi caso, es posible que consiguiera enfadarle porque no hacía más que reírme y decirle lo cuentista que era. Pero en el caso de mi mujer, como madre sensible que es, la reacción era distinta, corría en su ayuda sin dilación.

Con esta información aprendida, la siguiente etapa en los hábitos de nuestro hijo está siendo lógica: cuando quiere algo (seguir jugando con algo que queremos que deje o no dormirse cuando es su hora…) se pone a berrear (eso ya no es llorar) y, si está en mis brazos, espera, acompañado de sus alaridos, hasta que aparece su madre, su salvadora. Es como decirnos: ¡Lo quiero ya!

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El problema es que creo que esto puede convertirse, si no lo atajamos, en rutinas peligrosas. Las situaciones no son buenas ni malas en sí mismas pero la forma en que se resuelven sí puede hacer que se conviertan en unas o en otras. No quiero que nuestro hijo llegue al año, a los dos años, a los diez, a los dieciséis siendo una persona que sólo es feliz (si en realidad lo es) consiguiendo todo lo que quiere sin importarle los demás. Sé que es pequeño y esto quizás sea sólo una paranoia de padre primerizo pero creo que evitar que sus hábitos lleguen a ser peligrosos hasta transformarse en pesadillas es cosa de su madre y mía. Debemos mantenernos unidos y firmes y seguro que todo irá bien.

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Acerca de Javier

Un Padre con la L
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