Y para que nuestros hijos nos escuchen ¿qué podemos hacer?

 

Cuando nos preguntan contestarles: lo más rápidos, francos y directos posible.

 

Aceptar los propios límites: saber que tenemos derecho a no saberlo todo y a cometer errores. Es mejor admitir que no sabemos algo, a asegurarles algo y que luego no lo cumplamos, porque pierden confianza en nosotros.

 

Cuando tenemos que hablar de temas delicados con ellos saber escoger el momento adecuado.

 

Permitirles que no estén de acuerdo: dejarles expresar sus opiniones y argumentos y responder de forma comprensiva pero firme (evitar ser autoritarios). Como comentaba en otras intervenciones anteriores, es importante que los niños sientan que forman parte de la familia y que sus opiniones, de alguna manera, se tienen en cuenta. Es mejor llegar a un acuerdo que imponer.

 

Evitar las etiquetas o los calificativos, porque tienden a actuar en función de éstas y pueden influir negativamente en su autoestima.

 

Evitar el sarcasmo o la burla: humillar es una manera rápida de hacer que no nos escuchen. A nadie le gusta hablar o escuchar cuando siente que lo van a derribar. Además las burlas pueden dañar su autoestima.

 

No debemos irnos cuando nos están hablando. Si queremos que nuestros hijos nos escuchen debemos estar dispuestos a escucharles a ellos.

 

Si nuestros hijos son adolescentes: Entender la adolescencia por lo que realmente es: nuestros hijos se encuentran en una etapa del desarrollo complicada. A los cambios fisiológicos que se producen en la adolescencia, hay que sumar los cambios en la forma de pensar y actuar. Es una etapa de diferenciación con la familia y búsqueda de apoyo entre los iguales. Por este motivo, es frecuente que se produzcan disputas relacionadas con la negativa de los hijos de cumplir con la disciplina de los adultos. Crecer no es tarea fácil, el lado inseguro de los adolescentes quiere sentirse protegido, y el lado aventurero quiere desarrollarse y hacer cosas nuevas.

 

 

 

 

 

 

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Acerca de Judit

Psicóloga
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